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Feanor

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Dos días, dos días y volvía la calma.


Trabajo trabajo trabajo, orden y trabajo, cada vez quedan menos dias para el evento final y debe ser un cierre espectacular.


-Soy Feanor, muchachita, o señor ministro para ti, si te resulta mas sencillo que mi nombre-. Esa humana estaba jugando con sus nervios. -Me sería difícil dar un número exacto, Pero te aseguro que tengo mas edad que tú y que muchas hadas aqui-. Alzó la cabeza orgulloso.

—Es que ya no me acuerdo de tu nombre, y creo que somos lo suficiente cercanos como para no llamarte "señor", queda feo. —Afirmó, siguiéndole— Yo tengo veintiún años. Te toca.



-¡Que no soy Enrique, niña!-. Exclamó sin detener su avance. -Y ese tipo de cosas no se preguntan ¿Y si yo te pregunta que edad tienes tú?-.

Ella, feliz como perdiz, le va siguiendo moviendo rápido sus piernas para no quedar atrás del todo. —¡Oye, Enrique! —Le llama, intentando captar su atención— ¿Y tú cuántos años tienes?



Oh por todas las plumas de Madre Dove. Rodó los ojos y suspiró, a ese paso llegarían cuando todo hubiese terminado. -Og, de acuerdo, pero no te quede atrás-. Y con eso, empezó a volar tomando la delantera y guiando el camino.

—¡Uh, que guay! —Le miró elevarse, riendo— Vale, ¿pero me acompañas?



-Yo no voy a caminar, jovencita-. Y dicho eso, desplegó sus alas y se elevó en el aire. -Rapido rápido, camine-.

—¡Uy, es verdad! —Replicó, mirando hacia el grupo de gente, antes de volverse al ministro— ¡Pero a ti también! Venga, venga, vamos



Hizo una mueca con el sacudon del saludo, y al termino de este, se sostuvo la muñeca como si le hubiera dolido. -Pues es un placer, creo... Ahora chu chu, vete antes de que te dejen atras, la ceremonia se va a atrasar a este paso-.

—No sé, a mi Enrique me gusta más. ¡Yo soy Thorir! —Alargó la mano para coger la del contrario sin permiso alguno, sacudiéndola enérgicamente.



-¡Ju! Que muchachita tan impertinente. Yo soy Feanor, el ministro Feanor o Ministro de Primavera-. Aclaró, que osadía cambiarle el nombre. -Y por educación ahora debo preguntarte el tuyo, jovencita-.

—Ay, que simpáticos sois todos por aquí. —Comentó, complacida— ¿Cómo habías dicho que te llamabas? ¿Enrique? Definitivamente tienes cara de Enrique.



Estaba exageradamente atónito con ese trato tan informal. Pero tenía que ser cortes con los invitados. Se aclaró la garganta y se arregló el cuello de sus ropas. -Puedes dejarlas por ahí, niña. No irán a los hospedajes aún, luego de la ceremonia varias hadas las ayudaran-.

—¡Hey! Yo también hago un poco eso también con los espíritus, que guay. —Le da un golpe suave en el brazo, riendo, antes de mirar a su alrededor— Bueno, y ahora que somos amigos, señor, ¿sabe dónde puedo dejar mis maletas y eso?



-¿Qué si trabajó aquí?-. Se apoyó una mano en el pecho algo indignado de que se le dirigiera asi sin mas. -Jovencita, yo soy el ministro de primavera. Mantengo este mundo en equilibro juntos con los otros ministros, la princesa y su majestad la reina.


Bienvenidos, bienvenidos. Todo el fila por favor, directo al árbol del polvillo para la ceremonia, vamos.


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